Yerba Mate – Leyenda de los Indios Guaraníes

leyenda-mateHay una vieja leyenda de los indios guaraníes que cuenta los orígenes de su pueblo en la selva paraguaya.

Según la leyenda, los ancestros de los guaraníes habían cruzado hace mucho tiempo el grandioso y amplio océano desde tierras lejanas para establecerse en América.

Allí encontraron una tierra a la vez hermosa y llena de peligros. Con diligencia y esfuerzo pudieron vencer a la tierra y establecer una nueva civilización.

Las tribus guaraníes trabajaron la tierra y se convirtieron en excelentes artesanos. Esperaban ansiosamente la venida del Dios Pa’i Shume, alto, de piel clara, ojos azules y barba, que según la leyenda descendió de los cielos y aprobó de los guaraníes con placer.

Él les trajo el conocimiento religioso y les enseñó ciertas práctias de agricultura que les serían beneficiosas en tiempos de sequía y pestilencia tanto como en la faena diaria.

Muy significativamente, descubrió los secretos de la medicina y la salud y reveló las cualidades de las plantas nativas. Uno de los secretos más importantes fue cómo cultivar y preparar las hojas del árbol de la Yerba Mate. La intención de la bebida del mate era de asegurar la salud, vitalidad y longevidad.

Pasó así:

La tribu despejaba una parte de la selva, plantaba mandioca y maiz, pero después de cuatro o cinco años el suelo se gastaba y la tribu tenía que mudarse a otro lugar.

Cansado de tanta mudanza, un indio viejo se negó a irse y prefirió quedarse donde estaba. La menor de sus hijas, la hermosa Jary, tenía el corazón partido: O seguía con los jóvenes de la tribu, o se quedaba aislada, ayudando al viejo hasta que la muerte lo llevara a la paz de Ivy-Marae’s. A pesar de los ruegos de sus amigos, terminó por quedarse con su padre. Este gesto de amor merecía un premio.

Un día, un shaman desconocido llegó al rancho y le preguntó a Jary qué la haría feliz.

La muchacha no pidió nada. Pero el viejo pidió:

“Quiero nuevas fuerzas para seguir y llevar a Jary a la tribu que se alejó”.

El shaman le dio una planta verde, perfumada de bondad, y le dijo que la plantara, que cosechara sus hojas, las secara al fuego, las machacara, pusiera los trozos en una calabacita, le echara agua fría o caliente, y chupara la infusión.

“En esta nueva bebida, encontrará una compañera saludabe, aún en las horas tristes de la soledad más cruel.”

Dijo esto y se fué.

Así nació y creción el “caá-mini”, del cual salió la bebida caá-y que los blancos adoptaran más tarde con el nombre de Chimarrao en Brasil, y Yerba Mate en Argentina, Uruguay y Paraguay.

Con beber la sabia verde, el viejo se recuperó, cobró nuevas fuerzas y fué capaz de proseguir el largo camino hasta encontrarse con su gente.

Fueron recibidos con gran regocijo.

Y toda la tribu adoptó el hábito de tomar la yerba verde, amarga y dulce, que da fuerzas y coraje, y que reconforta las amistades en las horas tristes de mayor soledad.

El mate se convirtió en el componente más común de las curas caseras de los guaraníes, y sigue siéndolo hoy en día.

La práctica actual en la Argentina y el Paraguay modernos, el mate se hace sumirgiendo las hojas en agua caliente.

En realidad, una gran cantidad de hojas machacadas se remojan primero en agua fría, y luego se les agrega agua caliente, una y otra vez, hasta que se haya extraído todo lo bueno.

Cada vez que se le echa agua caliente, el té es ingerido a través de un pitillo especial de madera o metal, llamado bombilla, que no deja pasar las hojas.

También se toma frío.

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